El cuaderno de Clara

-No, no, no. Esto no puede estar pasando. Hoy no.-

Pero nos hemos adelantado un poco. Empezaremos como debe ser, por el principio.

Conocía a Manoli desde hacía muchos años, era el típico botijo bobalicón pero con muy mala hostia, un padre nuevo rico (evadiendo ciertas obligaciones, todo sea dicho de paso) le daba derecho según creía, a mirarnos por encima del hombro. Un poco difícil en mi caso dado que mido 25 centímetros más y ya para joder, diré que peso casi 15 kilos menos y alguna neurona más hay por ahí, pero eso es otra historia, una historia en la que nos sacamos los ojos y nos tiramos de los pelos, que ya veré si cuento o no algún día.

Bien, el caso es que Manoli, aunque ahora se hace llamar Manuela pues resulta mucho más fino, estudiaba en un colegio de pago, a diferencia de todos nosotros…

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