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”Do you speak spanish?”

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BY JULLES SABA KATZ RAYNAULD

LOS CAMINOS QUE MARCAN NUESTRA VIDA, O NUESTRO ANDAR DIARIO SE PUEDEN PLAGAR DE TODO ESO, DE TODO ESO QUE LLAMAMOS LEER, IMAGINAR Y REFLEXIONAR.

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El viajero ©Copyright ®
 
Para mí que han sido estar ebrio, ha sido estar ebrio de lecturas repletas de fascinantes escritores que dibujan un mundo ficticio o una realidad vagabunda, que asumen posturas de guerra donde el mensaje más claro es destruir a los reyes viles que gobiernan mal al pueblo, que logran evocar a esos espíritus muertos atrapados en los castillos antiguos, que le agregan una intensidad a los historias de los personaje mundanos o melancólicos, que hablan del crimen provocado por los dinosauros, que hablan desde el cráneo forjado de plata, o que se hacen inseparable de un Sancho panza. A eso yo las llamo la lectura, la palabra, la actividad intelectual. Encuentro maravilloso que me sucedió de muy chico a eso a lo que llamo ‘’ebriedad de lectura’’ comenzó en un inicio de muy pequeño, mi bisabuela paterna que provenía de una familia española me regalo mi primer libro el cual era ‘’Donde viven los monstruos’’ en su traducción al español de Maurice Sendak, dos años después en mi séptimo cumpleaños mi padre me dio de regalo una estupenda compilación empastada en cuero de todos los relatos de Oscar Wilde, y mientras hacíamos un viaje a la playa se me ocurrió parar en una tienda donde por azar del destino había una pequeña colección de libros en su gran mayoría autores que en aquellos años me eran desconocidos, recuerdo el nombre de Gabriel García Márquez, el de Carlos Fuentes, bestiario de Julio Cortázar, a Jorge Luis Borges, a Pablo Neruda, a Edgar Allan Poe y de muchos otros, que tan solo con recordar a esos autores extraordinarios o a sus títulos se me antojaría regresar a aquella tienda a observar que tienen de nuevo en su pequeña pero muy bien construida colección. Cuando por fin logre alejar la mirada de varios títulos de todos esos escritores pude observar un libro sumamente gordo, que por su grosor y su titulo logro maravillarme, ‘’El Quijote de la Mancha’’ de Miguel de Cervantes Saavedra, un libro que hasta la fecha lo sigo y sigo leyendo.
Todo el viaje a esa playa me la pase en completa soledad, no admire al paisaje visual, admire mas el lenguaje escrito en aquellos libros que marcaron mi vida, paseando de un lado de la playa a el otro, sintiendo entre mis dedos la granulada arena y las pequeñas olas que llegaban a rozar mis dedos, deambule entre la playa que para mi suerte me abrazaba como una madre a un hijo, aunque el hijo estuviera perdido en el mar de la lectura.
 
 

 
En momentos de tristeza lo mejor es leer. ©Copyright ®
 
Yacen vacías las playas de mi memoria que aguardan a ser pobladas por mas libros, donde abundaban libros y arena, pero sobraba agua con letras pintadas en los peces, en las costas, en los corales y los arrecifes, yacen solas en momentos de tristeza, pero siguen solas en momentos de lecturas, yacen con ese mar tan hermoso, con ese movimiento ondulante que cada vez toca mis pies, con esa brisa que acaricia mi rostro, inolvidable, inolvidable, ese viaje era inolvidable, era una aventura que perduraría siempre en mi memoria.
Años más tarde y cuando emprendía la huida a una infinidad de cuentos, poemas y novelas me daba el lujo de pensar mi existencia, aquella existía durante unos momentos de imaginación que me daba sobre el diván de mi madre, con los ojos cerrados y empezando a hablar conmigo mismo comenzaba en agradecerle a mi madre y a mi padre, a mi abuela y a mis bisabuelas, a esas mujeres, valientes, inteligentes, audaces, amables, y a ese excepcional hombre que ha plagado mis momentos de lecturas con mas opiniones y recomendaciones extraordinarias, ha ese hombre que lee por placer en su oficina, lee una y otra vez; todos ellos que fomentaron en mí el interés a la lectura, sin olvidar el eterno agradecimiento a los escritores que narran y juegan, que sueñan y ven, que yacen despiertos observando y se solazan al releer sus obras, y que provocan de libro en libro una reflexión exhaustiva en donde hoy más que nunca me cuestiono y me pregunto, todo ello sobre el libro que en aquel momento estuviera leyendo en la calle, en el metro, en el parque, en la cocina de mi casa o en la bañera,
siempre hago esas reflexiones profundas cuando termino un libro, sea de un escritor novel muy conocido, o de un escritor que apenas comienza a impulsarse.
Cuando salgo a comprar libros siempre lo hago de una manera muy rara para algunos pero para mi es tan normal como tomar café con leche; comienzo comprando cinco libros, uno para comenzar a leerlo tan pronto lo he pagado, dos para guardar en mi pequeña biblioteca que hoy ocupa un gran espacio de mi recamara y los otros dos para leerlos tan pronto haya terminado el primero de los cinco, pero lo más extraño que pasa es que en una salida a comprar cinco libros que ya he identificado previamente, por alguna extraña razón opto por seguir comprando de aquí, y de allá, unas novelitas más que no hacen daño más que a los personajes de ellas mismas, unos cuentos cortos que no son tan cortos en mi propia imaginación, y unos poetas jóvenes que me transportan a lo bello de lo bello, a lo sutil y sublime de las letras, es aquí que cuando me percato de todo lo que he comprado me doy cuenta que es un placer la lectura de imaginación, la lectura de ebriedad ó como diría mi abuela, “la vida no comienza al leer, comienza al imaginar, al creer estar dentro del libro, a respirar el olor del mar, al sentir oír el fusil, al caminar en Marte, al tocar a un gigante, al besar a un monstruoso hombre, ahí es donde para mí inicia la vida.” Una cita poco usual que diría una abuela.
Mientras seguía leyendo un jueves por la tarde logré ver a unos hombres cortar a unos pobres peces, aquello me lleno de un tremente asco, yo solo tenía siete años, aquel instante me sirvió de inspiración para escribir uno de mis primeros textos, al cual puse por nombre “El Mar Fragmentado”, declaró que a esa edad tengo que admitir era
mucho más creativo.
 
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♦ Fragmento de El Mar Fragmentado.©Copyright ®
 
Nos veremos en tiempo de ballenas; Cada cual mataba un par de peces de una despiadada forma en las costas de moyula; el mar se teñía de un color rojo sangre por el goteo tan desmedido por el que las personas hundían el cuchillo en el cuello de los pobres animales; se me retorcía el estomago por el olor, la vista, el tranquilo suspiro de ellos al atravesar viseras, huesos y carne, al sacar el alimento mañanero de aquellos pobres e inertes que yacían sobre aquellas planchas de madera, escurrida de sangre, de sudor, de escamas, simplemente era un acto tras otro, tomaban un pez, hundían el cuchillo hasta escuchar un crujido, pero había una rara emoción repleta de una perturbadora excitación, y en un momento empecé a soñar que caminaba sobre escamas revestidas de espinas tan filosas, cada que daba un paso, clavaba algún par de esas multicolores y raras, si puedes imaginarlo puedes sentirlo, sientes que te las clavas en las plantas de los pies, que caminas sobre una trucha, un salmón, un pez espada o un tiburón blanco, puede ser el tintero cuerpo de un pulpo rosa o el negro azulado de una mantarraya, puedes sentir la exhalación de la ballena beluga, puedes oír el trotar de un caballito de mar; caminas y te diriges a una área repleta de arena blanca donde solo abunda crustáceos y erizos, pero solo ignoran tu lento andar, de pronto todos voltean simultáneamente a donde estas tu y empiezan a caminar como pequeños soldados, tu despiertas de aquel sueño, mojado, tu diestra sostiene la cabeza de un pequeño pez payaso y en tu mano izquierda aprietas con una fuerza enorme un cuchillo con un enorme filo. Ahora que has despertado del sueño, dime, cambiaste o sigues soñando en ver a los ojos a cualquier cosa cuando no posee vida.
De regreso a las clases le pedí a una de mis maestras del liceo que me hiciera el favor de leer mis ocho extensas cuartillas, aquella maestra culta, sumamente letrada, era una especialista en la literatura, y debo aceptar que tenía pánico y miedo en el momento en que bajo las cuartillas, lanzo una mortal mirada a mi rostro, escribió dos líneas, se puso de pie y salió de salón. Después en mi casa saque aquellas cuartillas que con tanto esmero plague de imaginación, pase una por una y al llegar a la última se encontraba engrapado una tira de papel con dos renglones en el, comencé a leer rápidamente ” excelente trabajo, nunca lo dejes de hacer, espero con ansias el próximo trabajo tuyo, y si llegas a publicar con gusto lo comprare.” No lo podría creer le gusto lo que había puesto.
 
 

 
En aquellos años ©Copyright ®
 
Años más tarde conocí a un gran amigo que para su edad era un prodigio en las letras, gracias a él conocí nuevos autores, aquellos autores me llevaron nuevamente a escribir un trabajo llamado ” palabras de pensamientos” que fue posiblemente bien recibida entre mis profesores.
Fragmento “Palabras de pensamientos”
me siento como un Bolaño siendo un poeta vago, me siento que puedo tomar las armas como Vargas Llosa, me siento dando saltos imaginarios como Ray Bradbury, me siento tan rico de lengua como Isabel Allende, me siento tan pensativo en esos instantes en que Nietzsche ha proclamado la muerte de Dios, me siento tan alejado de esos años de una región más transparente como lo diría Carlos Fuentes, me siento y mas siento, me siento en lo profundo de mi ser que a donde mire puedo imaginarme a ese claustro al leer a Mónica Lavín, me siento con la condición humana de ser yo como lo describía Hannah Arent, me siento con las batallas de Salman Rushdie, pero mas me siento como en esos momentos de caballeros y cortés, como Cervantes.
Bien quedaría decir lo que un escritor para mí, es todo un viaje, pues el viaje del escritor comienza en una alejada orilla onírica, donde imagina formas perceptibles para sus ojos pero desconocidos e invisibles para los nuestros, el posiciona a sus personajes en una copa de un roble, donde se mesen o saltan al vacio, mientras que; atreves de eso a lo que llamamos el pensamiento y la imaginación trasladamos las palabras a la realidad. Pero también el escritor debe de ser una persona que se auto aplauda en cualquier tiempo, o circunstancia, ya que si uno no se anima a llegar a transcender en la memoria, la imaginación o el recuerdo, entonces no podrá tener cavidad mas que en la de sus propios dichos. Todo ello haciendo alusión a la frase ”la mejor vida es toda aquella plasmada en un libro’’: que decía mi patriarcal abuela.
Parte de esos dichos familiares me han inspirado a escribir o a recordar cosas en cierta medida reflexivas, como una frase filosófica que recuerdo es “me iré, y no se a donde iré, me iré y no se a donde llegare, me iré y no sé si ya me he ido.” lo decía una y otra vez mi bisabuela materna justo antes de morir, junto a los lados de su cama un par de floreros de cristal con claveles y rosas blancas que se asomaban mientras que mi madre ponía la canción favorita de ella “Non, je ne regrette rien” cantada por Edith Piaf.
 
Esos son tragos amargos pero como lo dije en la clausura del periodo del nivel medio superior. ´´Lo indescriptible de la realidad es el miedo al cambio, Yo Nací con sangre española, crecí con sangre francesa, viví con sangre mexicana, Soy un ser muy innato, diferente, y humano. Por mis venas corre sangre española, por estas venas corre sangre francesa, por estos vasos corre sangre mexicana; y es aquí cuando esta triada de ostentosas razas me hacen sentirme orgulloso, por qué si caigo en mi España lo haré con orgullo, si camino de frente junto a mi Francia lo haré ambiciosamente, si muero en mi México, en mi indiscutiblemente culto, cortes y valeroso pueblo lo haré mirando al atardecer, sea cual sea el destino de mi lugar, lo haré con pasión , con amor a mis patrias, con respeto a mis pueblos, con cariño a mi gente, con decisión y sin dudar mi respeto a estas patrias, revolucionarias, ambiciosas, generosas, inteligentes, que hoy me dieron un hogar donde caer muerto.´´
Para mi aquel discurso era estar ebrio; ebrio de libros, ebrio de palabras, ebrio de historias majestuosas, ebrio de borracho, borracho de libros y ¡por qué no estar así todo el tiempo! Borracho.
 
Julio es un joven con un apetito insaciable de aprender. En sus ratos libres sueña llegar a ser un notable periodista. Su afición es ser escritor novato, amante de la lluvia, el diseño, las artes visuales y los viajes.