Creepy

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Bajo un cielo espectacular y un sol más que agradable yo miraba el lejano islote, desde una lancha, sin atreverme a echarme al agua, transparente y cristalina, que no parecía cubrir mucho..
Pero me asaltaban las dudas ante las risas de mi acompañante, nativo polinesio, que se partía de risa…
Y es que, en aquellas aguas espectaculares del atolón de Rangiroa, se movían tranquilos decenas de tiburones de uno o dos metros…
Y uno que esta acostumbrado, como mucho, a los turistas italianos y los vendedores de sandias y refrescos de Formentera, sentía un sudor frío ante los gritos de mi amigo…”¡Salta, salta, que no hacen nada…!”
Y salte, con el agua apenas por encima de los tobillos y rodeado de tiburones que, como peces de colores, se movían a mi alrededor sin el menor interés por mis carnes.
Sin duda ha sido el baño más excitante de mi vida..

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